¿Por qué espero a que el azar decida por mí?
Llevas semanas sin contestar a la oferta de trabajo que tienes en el buzón. Te dices que, si la empresa vuelve a escribirte, será una señal. Si no escribe, también. Mientras tanto miras el móvil por si llega algo que incline la balanza.
Cuando por fin llega el correo, sientes alivio porque no has dado la respuesta tú.
Un hombre en la puerta
Unamuno abre Niebla (1914). Augusto Pérez sale de casa, extiende la mano para ver si llueve y se queda quieto en la puerta, pensando: «y ahora, ¿hacia dónde voy? ¿tiro a la derecha o a la izquierda?». El narrador lo define en una frase:
«Porque Augusto no era un caminante, sino un paseante de la vida.»
— Miguel de Unamuno, Niebla, cap. I, Madrid, Renacimiento, 1914
Y Augusto encuentra su método: «Esperaré a que pase un perro—se dijo—y tomaré la dirección inicial que él tome.»
El perro que no pasó
No pasa un perro. Pasa una muchacha, y tras sus ojos se va Augusto, «sin darse de ello cuenta». El capítulo no lo presenta como una decisión. Lo presenta como algo que le ocurre.
Pero alguien echó a andar. Fueron sus piernas, en una dirección concreta, detrás de alguien concreto. El perro era solo el permiso para no tener que llamarlo elección. Si el camino sale mal, la culpa será del perro, o de la muchacha, o de la mañana.
Esperar al azar rara vez deja la cuestión sin resolver. Lo que hace es cambiar de autor. La moneda al aire, la señal del correo, el «si me llama, voy» suelen llegar cuando una parte de uno ya se ha inclinado. Por eso a veces, al caer la moneda, uno nota decepción y la lanza otra vez.
Lo cómodo de no haber decidido
Ser un paseante tiene ventajas. Nadie puede pedir cuentas a quien solo pasaba por ahí. Tampoco hace falta defender un deseo ante los demás, ni ante uno mismo. Si la oferta sale bien, fue suerte. Si sale mal, también.
El precio es otro: la vida va tomando forma y uno no se reconoce en ella, como Augusto camina detrás de unos ojos sin saber que ya ha empezado a querer algo.
Mientras esperabas la señal, ¿hacia dónde se habían ido ya tus pasos?
Epimelea es una aplicación de psicoterapia construida en torno a la escuela existencial. Cada conversación parte de la anterior. El archivo se cifra en el dispositivo y pertenece a quien lo escribió.
La aplicación: psicólogo IA para una terapia a largo plazo
Esta página habla de una escuela de psicoterapia. No es atención médica ni un servicio de urgencias. Si estás en peligro ahora mismo, llama al 112. La línea 024 atiende la conducta suicida a cualquier hora. Fuera de España, busca una línea de ayuda en findahelpline.com.
Los dos primeros encuentros son gratis.