Epimelea

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El cuidado de sí

Los griegos decían epimeleia heautou. En castellano circula de varias maneras: cuidado de sí, inquietud de sí, ocuparse de uno mismo. Michel Foucault dedicó a esa expresión su curso de 1981–1982 en el Collège de France, publicado como La hermenéutica del sujeto. Las ediciones en castellano, la de Fondo de Cultura Económica y la de Akal, dicen «inquietud de sí». Fuera del libro se ha impuesto «cuidado de sí».

Conviene separar la expresión de otra que se le parece. El autocuidado de hoy es descanso, hábitos, atención a la salud. Lo que Foucault encuentra en los textos antiguos es otra cosa, y el curso entero sirve para mostrar en qué se diferencia.

Una corrección al oráculo

Del templo de Delfos se recuerda el «conócete a ti mismo». Foucault empieza la primera clase, la del 6 de enero de 1982, con una corrección. En los textos antiguos esa máxima aparece dentro de una exigencia más amplia: ocuparse de uno mismo. Conocerse era un paso de esa tarea, no la tarea.

La escena que lo muestra es el Alcibíades de Platón, que Foucault analiza en la segunda hora de esa misma clase. Sócrates habla con un joven que quiere gobernar la ciudad. Antes de eso, le dice, tendrá que ocuparse de sí.

Foucault se pregunta entonces por qué la filosofía occidental recordó una mitad y olvidó la otra. Da dos razones. La primera es moral: hoy ocuparse de uno mismo suena a egoísmo o a repliegue, cuando durante siglos fue el principio de morales muy exigentes. La segunda la llama, con muchas reservas, el «momento cartesiano». Desde entonces basta con conocer para llegar a la verdad, y el que conoce no necesita cambiar.

Tres cosas a la vez

En la misma clase Foucault separa tres sentidos de la epimeleia. Es una actitud hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el mundo. Es una manera de mirar que se desplaza desde fuera hacia uno mismo. Y es, sobre todo, un conjunto de acciones que alguien ejerce sobre sí para modificarse y transformarse.

El tercer sentido es el que pesa. Foucault enumera técnicas concretas: la meditación, la memorización del pasado, el examen de conciencia, la revisión de las representaciones a medida que llegan a la mente. Las prácticas tenían nombre, maestros y horas. Se hacían como hoy se hace una rehabilitación: no porque el ejercicio resulte agradable, sino porque el efecto llega al repetirlo durante años.

El precio de la verdad

Al final de la primera hora aparece la distinción que sostiene el curso. Foucault llama filosofía a la pregunta por las condiciones que dan acceso a la verdad. Llama espiritualidad a las prácticas por las que el sujeto se transforma para tener ese acceso. Para la espiritualidad, el sujeto tal como es no es capaz de verdad. Tiene que cambiar antes.

Ese cambio tiene dos formas. Una es el eros, el movimiento del amor. La otra es la ascesis:

«Es un trabajo de sí sobre sí mismo, una elaboración de sí sobre sí mismo»

— Michel Foucault, La hermenéutica del sujeto, clase del 6 de enero de 1982, primera hora (Fondo de Cultura Económica)

Durante la Antigüedad, dice Foucault, la pregunta filosófica y la práctica espiritual no se separaron. La edad moderna empieza cuando se separan: la verdad queda al alcance de quien conoce, pero ya no transforma a quien la alcanza.

Por qué hacía falta otro

Nada de esto se hacía a solas. En los textos que lee Foucault siempre hay un segundo: el maestro, el director, el amigo que habla con franqueza, Séneca escribiendo a Lucilio. No es un adorno sentimental. Quien se examina solo revisa lo que ya aprueba. Hace falta otra persona para oír la pregunta que a uno no se le ha ocurrido.

En la segunda hora Foucault encuentra un eco de estas exigencias en dos saberes modernos: el marxismo y el psicoanálisis. En los dos, llegar a una verdad sobre uno mismo cuesta algo a quien la busca.

Foucault no recomendaba volver al estoicismo. Mostraba que un yo puede formarse de maneras distintas de la confesión, esa costumbre de buscar la verdad escondida dentro y liberarse al decirla. Lo que ocurría entre un discípulo y su director era trabajo con horario, pensado para cambiar al discípulo. No era un informe sobre su interior.

La expresión deja una pregunta práctica. Antes de saber algo cierto sobre mí, ¿qué he tenido que hacer conmigo?


Epimelea toma su nombre de esta expresión. Es una aplicación de psicoterapia construida en torno a la escuela existencial. Cada conversación parte de la anterior. El archivo se cifra en el dispositivo y pertenece a quien lo escribió.

La aplicación: psicólogo IA para una terapia a largo plazo


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