Logoterapia y voluntad de sentido
El hombre en busca de sentido tiene dos partes. La primera cuenta los campos de concentración. La segunda, «Conceptos básicos de logoterapia», expone el método.
Allí Frankl explica el nombre. Logos, en griego, quiere decir sentido. La logoterapia se ocupa del sentido de la existencia y de cómo lo busca cada persona. Otros autores la llamaron la tercera escuela vienesa de psicoterapia.
Tres voluntades
La escuela nace de un desacuerdo. Freud ponía en el centro la voluntad de placer, Adler la voluntad de poder. Frankl pone la voluntad de sentido. Lo primero que mueve a alguien es tener algo por lo que vivir.
Para Frankl esa búsqueda es una fuerza primaria, no un disfraz de impulsos más profundos. Y el sentido es de cada uno. Solo quien lo busca puede encontrarlo.
¿Se inventa o se descubre?
Aquí Frankl discute con Sartre. Si el ser humano se inventa a sí mismo, también inventa lo que da valor a su vida. Frankl no lo acepta.
«Yo no considero que nosotros inventemos el sentido de nuestra existencia, sino que lo descubrimos.»
— Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, segunda parte, «Conceptos básicos de logoterapia»
El argumento es sencillo. Un sentido que solo expresara a uno mismo no le exigiría nada. Lo que nos pone ante una tarea tiene que estar, de algún modo, fuera de nosotros.
Tensión, no equilibrio
De ahí sale otra idea incómoda. Para Frankl la salud no es un estado sin tensiones. Llama falso y peligroso suponer que lo que una persona necesita ante todo es equilibrio.
Describe en cambio la distancia entre lo que alguien es y lo que todavía no ha hecho. Esa distancia no es un fallo, forma parte de estar vivo.
Tres caminos
Frankl nombra tres lugares donde aparece el sentido.
El primero es una obra o una acción, algo que sin esa persona no existiría. El segundo es vivir algo, como la naturaleza o el arte, o encontrarse con alguien. Ahí entra el amor, que para Frankl es la única manera de captar a otra persona en lo más hondo. El tercero queda cuando la situación ya no puede cambiarse: la actitud ante un sufrimiento que no se va.
Este tercer camino se lee mal a menudo. Frankl no dice que sufrir tenga sentido. Dice que un sufrimiento inevitable todavía deja elegir cómo llevarlo, y que esa elección pertenece a quien sufre.
El vacío existencial
A quien no encuentra ninguna respuesta le queda lo que Frankl llamó vacío existencial. Lo describe sobre todo como tedio. Habla de la «neurosis del domingo»: el vacío que se nota cuando se acaba el ajetreo de la semana.
Frankl lo explica por una doble pérdida. El ser humano perdió los instintos que guían al animal. Después perdió las tradiciones que le decían qué hacer. Sin ninguna de las dos, a menudo hace lo que hacen los demás o lo que otros quieren que haga.
El oftalmólogo y el pintor
Por eso la logoterapia no reparte sentidos. Frankl dice que no es una enseñanza ni un sermón. El pintor muestra el mundo tal como él lo ve. El oftalmólogo intenta que uno vea mejor. El logoterapeuta se parece al segundo. Amplía el campo visual de la persona y no le impone juicios de valor.
Frankl invierte también la pregunta habitual. No es la persona quien pregunta a la vida por su sentido. Es la vida la que le pregunta a ella, y cada uno responde con lo que hace.
Queda una pregunta para uno mismo. Aquello por lo que vivo, ¿lo encontré o me lo asigné?
Epimelea es una aplicación de psicoterapia construida en torno a la escuela existencial. Cada conversación parte de la anterior. El archivo se cifra en el dispositivo y pertenece a quien lo escribió.
La aplicación: psicólogo IA para una terapia a largo plazo
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